Artículos de Opinión    

 
 


Carlos Ponte Mittelbrunn     Foto Astronomía y Medicina

 

Galileo, consciente de las limitaciones del ojo humano, descubrió el telescopio y con ello abrió las puertas de un mundo hasta entonces ni tan siquiera imaginado: exploró la Luna, las estrellas, el espacio sideral... Aunque son bien conocidas las desventuras del pobre Galileo, acosado por la miopía de los poderes dominantes, la astronomía no dejó de abrirse camino con una perspectiva integral y globalizadora hasta el punto de que hoy estamos -nos dicen- en la antesala de descubrir el origen del tiempo.

Pero no todas las ciencias han tenido la misma suerte. Es, probablemente, el caso de la medicina -no por casualidad su instrumento de investigación fue el microscopio, en vez del telescopio- y, en consecuencia, sus progresos fueron cada vez más segmentarios y atomizados: primero los órganos y los tejidos, después las células, siguieron las mitocondrias y más tarde los genes o la biología molecular, y así sucesivamente porque siempre hay algo más reducido en donde se pueda escudriñar.

Tal parece que los conceptos y el ejercicio actual de la medicina expresan una notable dificultad para entender al ser humano como una realidad integral que, a su vez, forma parte integrante de un contexto social, económico o ambiental. La medicina tiene una manifiesta incapacidad para abordar los problemas de salud y enfermedad desde una perspectiva compartida y unitaria. Así, por ejemplo, con respecto a la enfermedad, la tendencia de la medicina es hacia una visión parcelada de la misma, de patología «localizada» o de malfunción de un sistema concreto, y no como expresión de una afectación integral de la persona. Por eso los médicos frecuentemente hablamos de «casos» y no de enfermos. Lo mismo cabe decir del enfoque individual de la salud: se entienden que la salud es patrimonio del individuo aislado y que la enfermedad -el fracaso de la salud- se tiene que atribuir, o más bien inculpar, a la responsabilidad individual que se deriva de estilos de vida reprobables.

Es cierto que la trayectoria reciente de la medicina está lejos de tener un desarrollo lineal y que pese a la supremacía de la teoría y la práctica oficiales, hay otras posiciones que han tenido incluso la capacidad de modular parcialmente el dogma hegemónico. Hay suficientes pruebas de que las enfermedades son una consecuencia de la civilización, que son los propios individuos y sus formas de organización quienes las provocan, que la enfermedad ha sido, y es, un producto social.

Pero estamos demasiado lejos del paradigma aristotélico -fundamentado en la unidad orgánica de las cosas vivas- pese a que ha tenido considerables éxitos, como la antisepsia o la anestesia, y lo que hoy triunfa es la noción fragmentaria e individualista de la salud y, sobre todo, la concepción de la medicina basada en la «cura». La cura es episódica y tecnológica, y prevalece sobre el «cuidado», que tiene carácter continuado y demanda muchos recursos humanos. Detrás del triunfo de la medicina de la cura están la industria de la tecnología sanitaria, el consumo ilimitado y enormes intereses económicos. El éxito de la medicina curativa es, asimismo, la derrota de las estrategias de promoción de la salud y de prevención de las enfermedades, que sólo merecen un raquítico 1,5% del total que se presupuesta para la salud, mientras que el gasto en medicamentos llega al 30%.

Y éste es el meollo de la cuestión. La disyuntiva actual de la medicina no pertenece al ámbito conceptual o a las distintas maneras de entender su ejercicio, sino que corresponde a la producción de la industria sanitaria y a los intereses comerciales que representa. Los intereses que están en juego son tan importantes que en el último informe de las cámaras de Comercio de Madrid se aseveraba que la sanidad se convertirá, en sustitución del sector de la construcción, en la locomotora de la economía española a partir del año 2005.

En el presente y el futuro de la medicina, todo indica que la lógica del beneficio se acabará imponiendo a la lógica de la salud.

Carlos Ponte Mittelbrunn, médico, pertenece a la Asociación para la Defensa de la Sanidad Pública de Asturias (ADSPA).

 

 

 
 

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